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  José Ramón Lázaro Bencomo (DELARRA)

   
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José Ramón Lázaro Bencomo (DELARRA)

José Ramón de Lázaro Bencomo (DELARRA) (San Antonio de los Baños, 1938- La Habana, 26 de agosto de 2003)


Comenzó sus estudios de escultura en 1949 en la escuela de arte de Villate y luego amplía sus estudios en San Alejandro. Pero antes de graduarse, se ve precisado a abandonar el país por la persecución de algunos sicarios de Batista que “tienen su vista puesta” en el joven escultor hijo de un zapatero comunista. Sin embargo, el periplo europeo que interrumpió en 1959 para regresar a su patria, le valió las enseñanzas de grandes escultores como José Clará (en Barcelona) y Vistorio Macho en Toledo, o prácticas artísticas como ser copista en el Museo del Prado de Madrid, o ayudante y alumno del escultor Antonio Berti en la Escuela de Bella sArtes de Florencia. Visita otros países europeos como Holanda, Alemania, Bélgica. Esta experiencia en sus años de formación, a la que se suman profesores como Sicre, o su trabajo como ayudante de Fernando Boada, no fueron para DELARRA sino el impulso y la motivación para buscar una forma de decir propia, que no se conformó nunca con la pertenencia a una corriente estilística en particular, sino expresada a través de la experimentación y la incursión en diferentes campos de la plástica.


Una de sus mayores influencias, serían sin lugar a dudas, la obra monumentaria de Teodoro Ramos Blanco y de Juan José Sicre, y sus mayores inspiraciones para incursionar desde los comienzos mismos de su carrera, en la escultura pública conmemorativa.


En la década del 60 se aventura en múltiples exposiciones didácticas en escuelas, fábricas, parques: desde el Parque Central de La Habana, hasta el parque de Güira de Melena, que serían testigos de una exposición móvil que él tituló de “escultura revolucionaria” para que el pueblo conociera esa manifestación del arte a la par que hace demostraciones prácticas de cómo se crea una escultura. Incursiona en la cerámica, la ilustración gráfica, el grabado: es uno de los fundadores del Taller Experimental de Gráfica de La Habana, hace varias exposiciones de litografías sobre diversos temas y apuntes, los más sobresalientes tienen como tema el caballo, que es uno de sus asuntos más recurrentes: el animal no sólo como fuerza y belleza aerodinámica, sino como protagonista de nuestras luchas independentistas y de la nacionalidad cubana.


Obtiene numerosos premios en esta época: el primer premio del concurso que convocó la Universidad de La Habana para dotar de una escultura de Rubén Martínez Villena a la Biblioteca Central de ese centro de estudios. Profesor y director de San Alejandro, Director de Artes Plásticas de la provincia de La Habana, creador de centros de cultura, conferencista, entre otras muchas facetas.


Sin embargo, cuando decimos DELARRA, se piensa siempre en sus monumentos: la cabeza monumental de Engels en Pinar del Río, la figura ecuestre del Generalísimo Máximo Gómez en Camagüey, el monumento al descarrilamiento del tren blindado en Santa Clara, o las plazas de la revolución de Bayamo y Holguín.


Aunque estilísticamente su obra es eminentemente figurativa, tiene algunas interesantes soluciones abstractas: el monumento al descarrilamiento del tren blindado, incorpora los vagones del tren como esculturas y grandes cuñas de hormigón, algunas de 15 metros se proyectan contra ellos para representar la acción rebelde, o las bombas lanzadas en la batalla, todo mediante figuras geométricas.


Su labor no se circunscribe al suelo patrio: Siempre basándose en amplias investigaciones de carácter histórico, en una simbología que nunca fue hermética, siempre buscando información fotográfica y hasta de reliquias personales de los héroes que representó, trataba de comunicar al espectador la historia del personaje que esculpía, de forma que los valores estéticos se sumaran al contenido simbólico, como una unidad.


Cuando realiza con el arquitecto Fernando Salinas, el conjunto escultórico a José Martí en Cancún, lo hace con un monumento que sugiere “...una flor, un maguey, una mano...” de modo que armoniza no sólo con el paisaje circundante, sino también con las representaciones de la plástica de vanguardia mexicanas.


También en México realizó en el Estado de Quintana Roo un ambicioso proyecto donde en una superficie de 19 m de alto por 40 de diámetro, simbolizó la historia de ese pueblo.


Otros países fueron escenario de su quehacer artístico, Uruguay, República Dominicana, Japón (con un monumento en Nagasaki en homenaje a las víctimas del holocausto atómico), en España (con un monumento en honor a José Martí en la plaza Ciudad de La Habana de Gijón. También en Angola construyó un monumento en homenaje a los cubanos caídos, que destaca por lo respetuoso que es con la historia y la cultura de ese pueblo: allí Delarra representó las provincias angolanas, las etnias, las tradiciones, sus plantas características junto a la palma real, soldados cubanos y angolanos hermanados en la lucha. Además, usó materiales escultóricos angolanos y decía que el mármol de Luanda es mejor que el de Carrara.


El gran interés que mostró siempre en transmitir sus conocimientos y sus experiencias, quedó plasmado en un Laminario de las Artes Plásticas, libro de carácter eminentemente popular y dirigido a los que se interesan en esas disciplinas, que ofrece con gran didactismo conocimientos generales tan diversos como las técnicas del grabado o la historia del Alma Mater.


Para DELARRA fue una oportunidad única y deseada el monumento al Che en Santa Clara, es su obra capital y siempre será recordado por ella. Trabajó en el monumento durante seis años, para darle el amplísimo alcance que le conocemos, no es sólo el Che de Villa Clara, con su brazo en cabestrillo, representa un todo: la decisión de ser médico o combatiente, el trabajo voluntario, el discurso en la ONU y la carta de despedida a Fidel; es además un Che que camina, que está en movimiento, que se voltea hacia América del Sur para cumplir su destino.


Cuando se descubrieron en Bolivia los restos mortales del Che y sus compañeros, Delarra se involucra nuevamente en el proyecto del Memorial y esculpe la imagen de los 38 guerrilleros de América, los combatientes caídos en Bolivia.


Bien ganado tuvo el título de cronista de la Revolución y de escultor del Che, que le han dado los que conocen su obra y su estatura humana. Un día Delarra dijo en el Monumento al Che: “Si se cae me caigo con él, los artistas y los capitanes de barcos vivimos y morimos con nuestra obra”. Pero su obra le ha trascendido, ha pasado a formar parte de nuestra cultura visual, del entorno plástico del cubano que cada día, ve esculpida por Delarra su propia historia.